Ser quien era no era fácil. Pero todavía más difícil era teniendo en cuenta que su corazón y su mente le pedían por favor que viviera la vida de un joven de su edad, en lugar de la vida de un monarca. De todos modos, no podía alejarse de ello. Cada vez que su padre le pedía ayuda o le imploraba que asistiera a los eventos en donde todo el mundo lo vería posando como el heredero a la corona, se volvía débil y cedía, sin querer decepcionarlo.
En ese momento en particular, de hecho, iba camino a la cocina, volviendo de un evento formal al que no había querido ir pero igual había terminado concurriendo. Sabía que podía pedir que le llevaran las cosas a su habitación, o que alguien se las buscara, pero necesitaba despejarse del pequeño papel en el que lo trataban como si fuera la reencarnación de un dios y que lo bajaran a la tierra. Y en la cocina tenía un par de aliadas, bastante mayores, que ayudaban en ese cometido. En esos momentos agradecía que todo el personal viviese allí, desde la cocina hasta la seguridad. Era bueno ver gente sin obligaciones patriotas.
Cruzó los pasillos con rapidez y se tomó su tiempo en la cocina, dejando que aquella mala sensación de haber hecho cosas contra su voluntad se le quitara. Quedaba poco para su próximo fin de semana libre, para poder atender a otra fiesta como la de la semana anterior.
Mantuvo aquel evento en particular en mente casi toda la charla con las cocineras y amas de llaves, lo suficiente como para que aún resonara en su cabeza mientras se retiraba de aquel sitio, mordisqueando su galleta y llenando de migajas los pasillos que, sabía, no debía ensuciar. Aquella fiesta había sido ideal. Especialmente la gente que que había conocido allí. Especialmente el chico que había conocido allí. El chico que era idéntico al que estaba cruzando el pasillo en dirección a él y aún no notaba su presencia. Se paró en seco, lo suficientemente nervioso como para prácticamente atragantarse con lo que iba comiendo. Lo analizó por completo, su mirada bajando y subiendo por su cuerpo. Su cabello, sus ojos, su manera de andar.
Fuck, pensó, era él.
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